Ayer cogí la mochila, el chopped, media barra de pan y me fui de excursión a la muy ilustre villa de Malpica de Tajo (Última hora: precisamente hoy sale una noticia de este pueblo en El País. Ya me parecía a mí que no era normal). Allí estaban un montón de famosos: Vigil, la gran Paloma y Cuchillo. También el padre de la gran Paloma y su abuela. ¿Por qué tan nutrida representación de la familia? Muy fácil: toreaba su ¿segunda? becerrada Clemente Aguilar, hermano de la fotógrafa y torero cuyo tirón desplazó hasta aquella plaza manchega a las "celebrities" anteriormente reseñadas.
En Malpica, como en muchos otros sitios, la fiesta es un poco diferente de lo que estoy acostumbrado a vivir en Las Ventas.
Por ejemplo, el tendido de sombra es así.
El alguacil no va a caballo.
Las meriendas son de otra manera.
La banda de música está formada por un grupo de músicos bastante heterogéneo.
Las reinas de las fiestas ponen color al palco.
Y sobre todo hay polvo y moscas, muchísimas moscas. Sí, los puntos negros de la foto son ellas. No sé a qué velocidad habrá que disparar para inmovilizarlas.
A lo que íbamos. Clemente pasó por la Escuela Taurina, se quitó unos años de esto y ahora ha decidido que no se quiere quedar con la espina.

Apuntó buenas maneras con un ganado que no sé de dónde habría salido pero que se desenvolvía como si tuviera esencia de juampedro: con mucha nobleza y la fuerza justita. Si no me equivoco, Clemente, torea el día 15 en El Casar de Escalona. Mandaremos enviados especiales para que nos informen de las evoluciones del torero.













