Está feo que yo lo diga, pero me encanta esta fotografía. Le falta un pelín de foco. No podía ser perfecta.
¿A cuento de qué? Me la he encontrado preparando la información para San Isidro.
Unos dicen que se va a dar y otros dicen que no. Si Frascuelo entra en la feria, la cosa se complicaría. Esto a Frascuelo le vendría de perlas, pero a Pauloba lo condenaría otra vez a los leones de agosto. Si no se va a dar, que metan también a Pauloba en la feria. ¿Acaso le va a molestar a alguien?
¡Albricias! Parece que alguien ha recogido el guante lanzando y ha creado la Plataforma para este magnífico mano a mano.


Así, como idea imposible, se me ocurre que igual sería bonito cerrar la temporada de Las Ventas con un mano a mano entre estos dos toreros con una ganadería decente. No digo de campanillas, simplemente decente. A mí me gustaría y estoy por asegurar que hasta me emocionaría.
La cosa no es tan tonta como pueda parecer. Si la memoria no me falla, este año los aficionados han sacado a saludar al romperse el paseíllo a tres toreros. Uno fue César Rincón y los otros dos los protagonistas de esta campaña a fondo perdido. Por algo será.
Si hacerlo para cerrar la temporada es demasiado acelerado, ¿por qué no para abrir la de 2008? El cartel no iba a molestar a nadie. Antes bien, se le iba a dar un caprichito a la afición de Madrid, unos setenta en total, que son los que acuden incansables, se programe lo que se programe, desde marzo a octubre. Digo yo, que se merecen un premio.
Luego, si los toros dan un juego más o menos bueno y ellos están como La Chata, que se retiren o que se queden confinados para siempre en el infierno del agosto venteño. Pero si aprovechan algo que fuera una verdadera oportunidad, no lo de los últimos años, que les rente, que se haga saber al orbe taurino de su torería.

Parece mentira. Los últimos 24 toros que han salido al ruedo de Las Ventas han mostrado mayor parentesco con el mulo de carga que con el toro de lidia. Quizás se pueda salvar el sobrero de Hijos de Juan Valenzuela que salió en último lugar ayer. Aun así, el mes de agosto está siendo frustrante. Por muy bien que saliera lo del 26, mi moral ha quedado muy dañada en este desierto venteño. Necesito ver un toro y a un torero dándole una verónica o un natural. El toro, el torero, la verónica y el natural, con mayúsculas, por favor.
Para colmo, ayer me iba sin la foto de la media de Frascuelo, algo inédito en Las Ventas. Sólo a última hora, en una suerte de quite del perdón, apareció. No es la cumbre de la tauromaquia, pero es una expresión de torería, una más. Este torero, al que se le pasó hace tiempo su mejor momento, debió tener en su carrera más oportunidades de plasmarla en el ruedo. Los aficionados, y hasta los toreros, habríamos disfrutado y aprendido más.
Yo lo pondría todavía muchas tardes en Madrid, para que enseñara a sus compañeros los modos de comportarse dentro y fuera del ruedo. Lo que es vivir y pensar como un torero. Lo pondría para oír como les pide a sus banderilleros que hagan las cosas bien y, sobre todo, que disfruten. Lo pondría porque me encanta hacerle fotos, porque tiene más cara de torero que el 99% del escalafón y porque me gusta verlo andar, saludar y prepararse para una media, que nunca sabremos si será la última.
Igual exagero y una media es poco para toda una tarde. Sugiero que hagamos una lista con los matadores de los puestos altos del escalafón que no son capaces ni de esa media, no ya en una tarde, sino en toda la temporada. ¿A que van saliendo nombres?
José Luis Moreno, todo voluntad y poco más. Otro buen torero que se nos va. Le dirán los taurinos que le han dado muchas oportunidades. Y él pensará que lo de ayer no se parece nada a una oportunidad. No dirá nada, eso sí, porque ha de callar hasta la oportunidad del verano que viene. Le brindó un toro a Frascuelo. Bien hecho, ¿no?
José María Bejarano confirmó su alternativa.
Nota al pie: Interesante el debate fotográfico que se ha abierto en un hilo de ese pedazo de blog que es Toro, torero y afición. Yo, que sólo saco “las bonitas” (dentro de lo que da mi capacidad, claro) igual me tiro un día a la arena.
