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martes, 26 de mayo de 2009

Día 4 d.M (después de Morante). Guadaira

Novillo de Guadaira
Primer plano de la cabeza de "Opresor", prometido a Philippe, de Campos y Ruedos.

Esta de Guadaira ha sido en las últimas temporadas la novillada de lujo de la feria y este año la mataban tres novilleros no especialmente bien colocados. Invitaba la cosa a pensar en lo del pobre y la merluza. Pues la novillada, lejos de salir con la encastada nobleza acostumbrada, salió respondona y puteó de lo lindo a tres chavales sin los recursos suficientes para hacerles frente. El pobre y la merluza. O simple mala suerte.

Francisco Pajares

Francisco Pajares se llevó la paliza del siglo dividida en dos partes. En cada una de esas partes fue volteado con tremenda dureza, recogido del suelo y vuelto a tirar como un muñeco. Por intervención divina o por puro azar (mi explicación favorita) no tiene ninguna cornada.

Francisco Pajares

Increiblemente, pudo ver morir a su enemigo en pie. Un poco "grogui", pero en pie.

Pablo Lechuga

Pablo Lechuga también cobró lo suyo; también tuvo mucha suerte.

Pablo Lechuga

Igual que Pajares, se quedó mirando a su agresor con ganas, además, de decirle unas palabritas.

Pablo Lechuga

Lo suyo se pasó con un poco de agua fría, aunque supongo que a estas horas le dolerán los huesos.

Juan Carlos Rey. Pase de pecho
Esto se ve mucho mejor en grande y no sé por qué lo he hecho, la verdad.

Juan Carlos Rey pasó por allí con más suerte que sus compañeros porque a él no le tocaron ni un alamar. Tuvo, eso sí, los mismos problemas. Creo que la base es que la tauromaquia que intentaron practicar los tres, la de los derechazos y los naturales, a veces no sirve, o a veces tiene que venir acompañada o precedida de otros recursos. Ni ellos ni nadie a su alrededor se dieron cuenta, así que lo más seguro es que yo esté equivocado y los novillos de Guadaira no solo tuvieran casta/genio/malas ideas (cada uno que escoja a su gusto) sino que en realidad eran ilidiables. Que no se le podían pegar derechazos y naturales, vamos.

Nota cronológica: como he perdido la cuenta de las que llevamos y me da pereza recuperarla, usaré el nuevo calendario morantista hasta que pase algo realmente importante que devuelva este blog al habitual sistema de fechado.

lunes, 4 de agosto de 2008

Adiós a las nocturnas. Me alegro, francamente.

Picador

Se acabaron las nocturnas. Me alegro. No por nada, sino porque el próximo domingo la luz volverá a los objetivos y podré hacer, dentro de mis posibilidades, cinco o hasta seis toros dignamente, no a oscuras.

La parte buena es que ya tengo el título de mi primer libro de fotografía: "La temperatura de color y la madre que la parió" (Ya sé que el chiste es viejo, ya lo sé). Es absolutamente imposible acertar con ella cuando se encienden los focos. Los primeros minutos la luz natural se cuela y al mezclarse con la artificial se monta un buen cacao. Esto es normal. Lo que no es normal es que la luz esté repartida de forma completamente aleatoria. Es como si un mono se hubiera dedicado a desviar los focos de sus direcciones correctas. Fijaos el próximo día que tengáis oportunidad. Veréis que hay agujeros negros, zonas oscuras a las que la luz apenas llega. Si para el ojo es malo, para las fotos, ni os cuento. En fin, que se han terminado y el domingo que viene, esto es lo chungo, habrá menos excusas para no sacar alguna foto buena.

Mario Aguilar

En lo estrictamente taurino, salieron cinco novillos de ensueño para los toreros que no fueron aprovechados. Abrió el cartel Mario Aguilar, del que un espectador, al terminar, salía diciendo que era "mubruto". Estoy de acuerdo. A su primero, dechado de bondad, culminación perfecta del toro moderno de inacabables y dulces embestidas, lo atosigó y terminó subido encima de él casi pegado a las tablas.

Javier Cortés

Ganó la cosa competitiva Javier Cortés, que se llevó bien con el bombón segundo y pasó un tragito con el bravo y serio quinto. Fue un justo vencedor, aunque debió salir en hombros. Creo.

Pablo Lechuga

El tercero en liza era Pablo Lechuga, que tampoco le hizo honor al primero de su lote. Le cortó una oreja, apoyado por el mucho paisanaje que poblaba los tendidos.

A mí de estas nocturnas me ha quedado poco recuerdo de los contendientes, pocas fotos que me gusten y la frustración de un fotón que no salió por un segundo, por un centímetro o por vaya usted a saber qué unidad ridícula de medida. En la pantalla de la cámara se veía soberbia, pero una vez abierta le faltaba foco. Ahora, sin foco y todo, la tengo puesta como fondo de pantalla para que no se me olvide ir a por ella hasta que me salga perfecta. Merece el esfuerzo, lo prometo.

Una tonelada de fotos de esto en las-ventas.com.