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jueves, 22 de mayo de 2008

¿La última de Ponce en Madrid?

Enrique Ponce

Pues parece que sí. ¿Tendremos más abandonos en lo que queda de feria?

Paso de valorar su actuación. Ya lo habéis hecho muchos muy acertadamente. Paso también de los mulos de Alcurrucén.

Me sigue pareciendo increíble que año tras año las "mejores" tardes de la feria dejen este rastro de decepción. Eso es más peligroso que mil manifestaciones de antitaurinos. Es como si la final de la "champions" que se ha disputado hoy fuera cada año un bodrio. El fútbol duraba diez minutos.

lunes, 21 de enero de 2008

Me gusta el fútbol...

Me gusta el fútbol

La foto no vale un pimiento, pero me ha hecho gracia encontrármela. Ya sé que a algunos no os parecerá nada gracioso que una pelotita de fútbol ruede por la arena de Las Ventas. A mí, en el fondo, tampoco, pero casi cinco años más tarde, he sonreído un poco cuando la he visto.

Esa tarde, 22 de mayo de 2003, se encontraba en el callejón, en el burladero de apoderados o muy cerca, Raúl, amigo íntimo de Ponce. ¿Tirarían el balón por la presencia del verdugo del atleti?

Lleva el esférico Mariano de la Viña, banderillero de Enrique Ponce. Pensaba que se lo habrían tirado mientras el matador daba una vuelta al ruedo, pero no. El lanzamiento fue totalmente gratuito; Enrique Ponce no dio vuelta alguna. Las opiniones se dividieron a la muerte de su segundo y, como dicen ciertos cronistas, "fue silenciado" en el primero.

Un medio de conocida benevolencia en sus juicios aseguró que el encierro de Alcurrucén "careció de fuerza y raza". ¡Cómo estaría! Afirma también, esto más en su línea, que las protestas del tendido no dejaron apreciar "una faena trabajada y pulcra" de Ponce. La faena esa ya me la sé. Qué sopor. Naturalmente, sonó un aviso. Las faenas trabajadas acaban siendo largas.

Sólo un apunte más. Los toros, hasta donde yo sé, no tienen raza, que es cosa más canina. Los toros de lidia tienen (o no) casta. La sutil distinción no es mía, sino de Joaquín Vidal, que lo recordaba con notable mala leche en su redacción cada vez leía a uno de sus "colegas" hablar de la poca o mucha raza de los toros (de lidia). La anécdota me la contó Emilio Martínez, que trabajó unos pocos años con él.