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lunes, 21 de marzo de 2011
Cristian Escribano a San Isidro
La ganadería de los Hermanos Sánchez Herrero tomó antigüedad. Algunos de sus novillos parecían los padres de los toros de las Fallas.
No es ninguna sorpresa. Este es el quinto. Bonitos tampoco salieron pero hubo algunos bien interesantes. El primero, por ejemplo, manso como el demonio en varas y que luego metió la cabeza por los dos pitones de forma espectacular.
Patrick Oliver, un torero galo, abrió el cartel.
Le va el rollo Castella. "Claro, como es francés", se oía por los tendidos. Ya sabéis, arrimones, pases cambiados y esas cosas.
Yo me imagino a su madre regañándole: "¿Y si Castella se tira a un pozo tú te tiras detrás?". Pues hombre, viendo como le ha ido a Castella en esto, igual es para pensárselo.
Toreó también Cristian Escribano, novillero madrileñó conocido ya de Las Ventas.
Anduvo aseado, con sus momentos más lúcidos.
Fue cogido al entrar a matar y la cogida tuvo una pinta realmente fea. Se vio claramente que lo había prendido por el muslo.
No fue el típico "y se levantó sin mirarse" porque llevaba un agujero considerable en el muslo y sí que se miró, vaya si lo hizo. Pero una vez que vio lo que había, cogió sus trastos y terminó su labor con dos o tres intentos más y se fue andando a la mesa de operaciones.
Una vez operado, pidió su vestido y salió de la enfermería para matar al sexto. Sí, a los toreros el valor se les supone, pero cuando lo demuestran está bien premiarlo y reconocerlo. El chaval le echó un par y, para mí, se ha ganado su presencia en la feria, que era a lo que venía.
Supongo que se fue de la plaza dolorido pero contento.
Cerró la terna Damián Castaño, hermano de aquel Javier Castaño que hace un huevo de años ya puso la plaza del revés en un San Isidro. Damián también estuvo por aquí varias veces el año pasado.
Lleva una de esas pulseritas mexicanas que dicen cosas como "Virgencita, plis, cuídame". En esta creo que había algo parecido a un padre nuestro.
Sí, esta foto se parece a una de las de Oliver y hasta el torero está un pelín fuera de foco, pero es lo mejor que tengo de su actuación de ayer. El año pasado me pareció que tenía mucho más sitio y me gustó. Pero vamos, que una mala tarde la tiene cualquiera y que alguien me guste o me deje de gustar a mí no es sinónimo de nada. De hecho, si lo es de algo es de desastre. Repasemos: Estudiantes, Betis, Pauloba...
Hay muchas más fotos en las-ventas.com. En esas se les ve torear.
martes, 10 de agosto de 2010
And the winner is: Juan Pablo Sánchez
Novillos como este se lidiaron en la final de las novilladas nocturnas de Las Ventas. No creo yo que se viera tal seriedad en alguna plaza del sur en la que se montó un sonoro escándalo al rechazar un encierro. Los matadores querían lidiar una descomunal corrida y no les dejaron porque excedía el trapío estipulado para la plaza. O algo así.
Al final ganó Juan Pablo Sánchez, mexicano él, que estaba bien sonriente en el túnel de cuadrillas.
La novillada fue la mar de noble, en general, pero dio para que los novilleros pasaran sus fatiguitas. También mansa y justa de casta.
Juan Pablo Sánchez ganó por oficio. Tiene valor, eso seguro. No toreará en otoño en Madrid, que es el premio, porque antes tomará la alternativa. No sé si tiene tanto oficio, pero sus apoderados, los Lozano, lo sabrán mucho mejor que yo. Deben de tenerle mucha fe al chaval porque le han acompañado los tres de la última generación de la familia en sus dos tardes en Las Ventas. Vamos, que han hecho un buen despliegue.
Damián Castaño, hermano de aquel valiente Javier Castaño que los Chopera se cargaron, tiene claro que quiere ser torero. No es la mejor tarjeta de presentación, pero a mí me gustó**. Se llevó dos revolcones, el segundo con una seria cornada, al entrar a matar sin darse cuenta de que hay dejarse algún hueco para salir de la cara del toro porque si no sales por arriba, que siempre es peor. Él sí toreará en la Feria de Otoño. El premio corre turno.
Toreó también Antonio Espaliú, apoderado por Miguel Flores, un señor al que le gustan los toreros diferentes. Pues este Espaliú se ve que puede serlo. Maneja muy bien el capote (lástima esa patita pa'tras, eso es una causa casi perdida), pero con la muleta se desinfla a medida que va siendo incapaz de resolver los problemas que le ponen los novillos.
Con la espada, un calvario, oiga. Aun así, apetece verlo cuando esté más fogueado.
Hubo, además, muy buenos banderilleros en el ruedo, como Luis Alberto Aponte "Candela"
O David Adalid, que siempre que pasa por Las Ventas se desmontera.
Y para terminar, una flor. Bueno, dos.
** Lo que quiero decir que no es la mejor tarjeta de presentación es que a mí me guste, no que el chico quiera ser torero como, por mi torpeza, también puede entenderse. Disculpen.
martes, 3 de agosto de 2010
Una tarde/noche entretenida
Óscar Ruaza enciende el pitillo de Fernando Galindo. Se tiene que pasar regular ahí, aunque sea para torear una amable nocturna venteña.
¿A que no pensabais que los caballos de los picadores calentaban a tal velocidad? Todo es cuestión de bajar la velocidad del disparo. Si se baja más todavía terminan pareciendo Fernando Alonso, pero tampoco es plan de exagerar.
Aquí tenemos uno solo llegando a la frenada.
Cuando a un banderillero le haces una foto desde tan cerca se pone tela de nervioso. Jamás te dicen nada, de hecho, tratan de poner su mejor cara, pero cuando dejas de disparar respiran ya con alivio. Lo correcto es darle las gracias, igual que a los matadores. Lo agradecen. En esta foto, Juan Antonio Maguilla.
Se guardó un minuto de silencio en el que, en realidad, se coreraon consignas tipo "¡libertad, libertad!" y se oyeron adjetivos no exactamente agradables hacia Cataluña. Algunos incluso le pedían a voz en grito a los delegados en el callejón que hicieran algo con los catalanes. ¿?
Los chavales también tiene que pasar su traguito antes de debutar en Las Ventas.
No salió nada mal la tarde, la verdad, sobre todo porque la novillada de Javier Molina fue muy interesante. Éste es el tercero, que a mí me encantó. Encastadísimo, fiero y también noble. Al encierro le faltó, eso sí, poder.
Entiendo que Damián Castaño opine que ese novillo fue un hideputa desalamado, pero no debió de irle mal cuando ha pasado a la final.
Vimos torear, ¡albricias!, al natural. Aquí Luis Martín.
Juan Carlos Rey.
Damián Castaño con el hideputa de antes, que se comía la muleta.
Dos pares sensacionales, como de costumbre, de David Adalid.
Más albricias, ayudados por alto.
Sí, claro, también alguna manoletina.
La parte de la salida airosa del toro todos la llevan bien, muy estudiada.
La de la estocada, regular.
Creo que hubo una buena, pero los chavales perdieron alguna orejita. Doscientas veces al día al carretón.
Esta estampa no sé yo si es muy taurina. Lamento la horterada del blanco y negro y el colorín, pero Mickey no es lo mismo sin sus pantalones rojos.
Pero con la cantidad de chavalería que viene a la plaza en estas tardes tampoco es demasiado rara.
Nota: esto me ha quedado en un tono dulzón entretoroytoro. Disculpen ustedes.
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